El fútbol cambia constantemente y nadie queda al margen de esa evolución. Entrenadores, jugadores y aficionados deben adaptarse a nuevos contextos, nuevas tendencias y nuevas exigencias. También Pep Guardiola, el técnico que marcó una era con su Barça y redefinió la forma de entender el juego.
El técnico de Santpedor siempre se ha caracterizado por un estilo de juego bastante particular: sacar la pelota jugada desde atrás, dominar los partidos, jugadores muy finitos, línea de defensa adelantada y presión alta. El balón largo era una exepción. Pero, por primera vez en toda su dilatada carrera como entrenador el curso pasado esta fórmula no funcionó. El Manchester City no peleó por los títulos grandes y Pep tomó nota.
La esencia es la esencia y no se pierde, pero ahora los mancunianos dominan también otros estilos. Una de las claves es la llegada de Donnarumma, que se defiende con los pies, pero no es su fortaleza. Eso implica en ocasiones más balones largos y menos riesgo. Algo que se está acentuando por los problemas físicos de Rodri Hernández. Nico González lo está haciendo muy bien, pero es que Rodri venía de ser el mejor jugador del planeta. Otro de los grandes cambios está en los extremos. Doku ha ganado en protagonismo y más de lo mismo con Cherki. Por las condiciones de uno y otro, el equipo está obligado a ser más vertical y a atacar más veces en transición que antes. Ya no les conviene tanto el ataque estático.
Desde que Haaland está en el club es ahora cuando está pudiendo explotar más su capacidad de correr a la espalda de las defensas, sin olvidarse de su facilidad para ser demoledor en área rival. Y teniendo en cuenta todo esto, al equipo no le importa defender cerca de su portería. Tiene defensas dominantes en lo físico, centrocampistas de talento tanto para contemporizar como para ponerlas al espacio, y atacantes para correr. Un nuevo City. Una nueva fórmula, pero misma eficacia: una máquina de ganar. 5 victorias seguidas entre todas las competiciones, 5 partidos anotando dos goles o más.